lunes, 2 de julio de 2012

Cien años de un hombre de mar


Vecino de Villa Ballester, el suboficial Gaytán, navegó en la fragata “Sarmiento”, en los acorazados “Moreno” y “Rivadavia” y en los sumergibles Tarantinos. Es parte de la historia viva de la Armada Argentina.


Del hoy buque museo fragata "Sarmiento", el suboficial primero Antonio González y el suboficial segundo Jorge Alcaraz, le entregan un presente al suboficial primero (RE) Nicolás Gaytán. Buenos Aires - Ex tripulante de la fragata ARA “Sarmiento”, el suboficial primero (RE) Nicolás Antonio Gaytán cumplió 100 años el pasado miércoles. Y como parte de sus festejos compartió con Gaceta Marinera sus experiencias en la Armada.

“Cuando escuché la noticia del hundimiento del ‘Principessa Mafalda’ me entraron ganas de ingresar a la Marina. Me anoté en diciembre en la Escuela de Máquinas a los 15 años, hice un año de curso en Dársena Norte y luego unos meses a bordo del crucero Garibaldi”, rememora Nicolás. De esto hace ya 85 años, pero él lo recuerda como si fuese ayer.

Es que esta historia que lo llevó a unirse a la Armada comenzó el 25 de octubre 1927 frente a las costas de Brasil. A bordo del transporte de pasajeros “Principessa Mafalda” estaban el conscripto Anacleto Bernardi –ex-tripulante de la fragata “Sarmiento”– que se comportó heroicamente salvando muchas vidas antes de morir en el mar; y el suboficial principal Juan Santoro que también ayudó a los náufragos a pasar a los botes.

Dos héroes de la Marina cuya entrega indujo a Nicolás a anotarse en la Escuela de Máquinas. En esa época los tres mejores promedios al momento del egreso embarcaban en la fragata “Sarmiento”, buque escuela en el que los guardiamarinas completaban su formación para ser oficiales.

Era el viaje N°29 de la histórica fragata, en 1931. “A poco de salir de Ushuaia, donde comenzábamos el viaje, nos agarró un temporal terrible a la altura de la Isla de los Estados, en el estrecho de Le Maire. Tuvimos que hacer una escala en Puerto Belgrano para poner de nuevo los botes y escalas que se había llevado el temporal. ¡Era marinera la fragata!”, enfatiza con emoción Nicolás.

Al principio trabajaba en la sala de máquinas donde hacía mantenimiento porque en la “Sarmiento” había calderas que se cargaban de carbón con palas para originar vapor; después lo pasaron a la cámara frigorífica. “Las frigoríficas trabajaban con gas amoníaco y un día le salvé la vida al ingeniero maquinista Miguel Cosenza. Como las cámaras estaban muy cargadas cerró un poquito un la válvula de paso del gas. Y reventó. El ingeniero cayó casi muerto, lo saqué de sala de máquinas y lo atendieron ahí mismo”, recuerda.

Las guardias eran de cuatro horas y por las noches dormía junto a los demás marineros, cabos y conscriptos en hamacas paraguayas colgadas en el sollado, “era cómodo porque se mecía, nos acunaba”.
Uno de los compañeros con los que compartía sus días era su amigo rosarino José Héctor Doná, también marinero primero maquinista, egresado el mismo año que él. “Cuando nació mi hija mayor le pusimos Haydeé Beatriz y cuando al poco tiempo nació la de él le puso Beatriz Haydeé. Nuestras esposas se llamaban igual… –sonríe– vivió hasta hace cuatro años. Teníamos afinidad, nos queríamos mucho.”

A la zarpada habían ido a despedirlo su padre, su madre y una tía; para ellos y para sus hermanos trajo regalitos de los lugares visitados. “En cada puerto la gente nos recibía muy bien porque la ‘Sarmiento’ era una embajadora, la gente iba a verla. Había una banda de música a bordo que tocaba distintos ritmos, tango y mucho folclore y ópera y amenizaba las noches y visitas”, recuerda Nicolás.


A bordo de otros buques de la Armada

Al regreso del Viaje de Instrucción, que duró nueve meses, fue destinado al acorazado “Moreno” para lo que se trasladó a Puerto Belgrano; luego lo enviaron a su gemelo, el acorazado “Rivadavia”.

Y después le llegó el turno a los sumergibles Tarantinos, la primera generación por la que se constituyó el Comando de la Fuerza de Submarinos. “Hice el curso de submarinista y estuve nueve años en los submarinos; en el ‘Salta’ y en el ‘Santa Fe’ más tiempo, poco en el ‘Santiago del Estero’. En esa época nació mi hija Delia, la del medio, justamente un 17 de mayo. Vivíamos en Mar del Plata”.

“Un día embarcó el entonces presidente general Justo para pasar la jornada a bordo del submarino y yo era el timonel, tuvimos un inconveniente durante el almuerzo porque al depositarnos en el fondo el submarino no podía moverse y tuvimos que sacarlo de a poco hasta zafarnos. Él nunca se enteró”, sonríe.

Luego, en el crucero “25 de mayo” le tocó ir a la isla Decepción, en la Antártida. “No había radar en ese tiempo, cómo no nos llevamos por delante un iceberg con semejante buque no sé... Esto fue en los años 47 y 48, cuando nació mi hijo Rubén… Una de las noches el movimiento del barco me tiró de la cama al pasillo. Iba bien en la carrera, era suboficial y llegué a tener 80 hombres a mi mando, pero me fui porque ya tenía familia y no quería estar más alejado de ellos”, cuenta el ya por entonces suboficial primero Gaytán.
Una vez retirado, Nicolás trabajó en Yacimientos Carboníferos Fiscales como jefe de automotores hasta que se jubiló. Actualmente, su familia está integrada por sus hijos Delia y Rubén que están casados, tiene siete nietos y nueve bisnietos.

Por su cumpleaños número 100, este vecino de Villa Ballester fue declarado socio decano del Círculo de Oficiales de Mar y recibió homenajes en su barrio. Gaytán es parte de la historia de la Armada.

(FUENTE: 168 HORAS)

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