viernes, 1 de julio de 2011

La Plata, un puerto casi sin control


                          El velero Traful, tras el hallazgo de la droga   

Fue sólo el azar lo que hizo que la Prefectura Naval diera con el cargamento de 444 kilos de cocaína a bordo del Traful, el velero tripulado por dos españoles que hace dos semanas sufrió una avería en medio del Río de la Plata, en viaje hacia Piriápolis, cuando transportaba la droga que, según se presume, podría haber sido cargada cerca de esta ciudad.

Ni las autoridades adua­ne­ras y de Migraciones ni las patrullas de navegación realizan inspecciones físicas de las embar­caciones que llegan a La Plata o, para el caso, a cualquiera de los otros puertos argentinos, a menos que existan sospechas o informes de inteligencia que indi­quen que pueden llevar elementos de naturaleza o procedencia ilegal, como drogas o mercadería de contrabando.


Así lo explicaron a LA NACION fuentes de la Prefectura y de astilleros locales que permanente­mente reciben embarcaciones de diversas banderas. Si el Traful no hubiera sufrido un desperfecto eléctrico, habría entrado y salido de la jurisdicción argentina, con trámites aduaneros y migratorios incluidos, sin que se detectara la carga oculta en su sentina, bajo planchas de plomo, y en tanques que supuestamente lleva­ban combustible.

"No existe la disponibilidad física para revisar todos los buques que ingresan en nuestro país", explicó a LA NACION el segundo jefe de la Prefectura platense, Alejandro Amarita. "Sí nos asegu­ra­mos de que todas las embar­caciones estén identificadas antes de amarrar en cualquier astillero de la zona, porque hay un solo canal de acceso a la zona portuaria y ahí tenemos un destacamento. También hay inspecciones aleato­rias de nuestras patrullas en aguas abiertas. Pero no podemos revisar cada velero que entra."

Es que encontrar droga en un barco, aunque sea pequeño, es una operación compleja, a la que sólo se procede cuando hay sospechas, según René Reibel, del área de Investigación del Narcotráfico de la Prefectura. "Ya es difícil auscultar un velero, porque hay que entrar en el buche y hacer un examen exhaustivo, a veces con escáner; incluso así, los traficantes intentan burlar los medios técnicos, como en este caso, que usaron planchas de plomo. Imagínese si se tratara de un barco de ultramar, un granelero", dijo el prefecto.

La Operación Quilla Blanca, como fue bautizada la investigación posterior al secuestro de la cocaína en el Traful, sólo fue posible porque los españoles quedaron varados en medio del Río de la Plata sin GPS ni plotter, sus principales medios de orientación, a causa de una falla eléctrica, según señalaron fuentes de la investi­ga­ción. Hasta ese momento, ninguna autoridad había detectado nada extraño en la embarcación ni en sus ocupantes, que se registraron con sus verdaderos nombres y pasaron once días en Berisso, donde amarraron el velero, en el que durmieron cada noche.

"Nosotros no vimos nada raro", dijo a LA NACION un empleado del Astillero Martinoli, donde perma­ne­ció el Traful entre el 3 y el 11 de junio. "Los tripulantes del velero dormían en el barco todas las noches y no hubo movimientos extraños", señaló. Es cierto que cargar más de 400 kilos de droga requiere mover bultos, pero dijo el hombre que en los viajes que hacen estas embarcaciones hay que cargar mucha comida, así que es fácil disimular.

Las imágenes tomadas por las cuatro cámaras de video del astillero durante esos días ya están a disposición del juez federal Norberto Oyarbide, que tiene a su cargo la causa. No se sabe aún si algo sugestivo aparece en ellas. Los dos españoles pasaron por Berisso como hombres invisibles: en los grandes y pequeños comercios de los alrede­do­res nadie los recuerda ni la policía recibió aviso de movimien­tos extraños, según determinó LA NACION en una recorrida por el lugar.

Invisibles, a pesar de que pasaron por las oficinas de la Aduana y de Migraciones en el puerto de La Plata. Invisibles, aunque no falsificaron sus nombres al entrar al país ni al salir, apresuradamente -en Buquebús, hacia Uruguay-, sabiendo que Prefectura hallaría pronto la droga. Ahora, ambos tienen orden de captura internacional. Tal vez no sea tarde.

ANTECEDENTES

2500 kilos
16 de octubre de 2009

Con el nombre de Guerrero de los Balcanes se conoce el operativo por el cual fueron secuestradas 2500 kg de cocaína ocultas en un yate que había partido del puerto de La Plata y había llegado a Uruguay, como paso previo a Europa.

444 kilos
16 de junio de 2011

La diferencia entre las coordenadas que reportó la tripulación del Traful sobre el lugar donde había quedado a la deriva y el lugar donde efectivamente apareció el velero sembró sospechas. Una vez en Puerto Madero, donde fue remolcado, el barco fue revisado y se encontró la cocaína.

(FUENTE: DIARIO LA NACIÓN)