viernes, 17 de septiembre de 2010

¡Wakeboard en plena ciudad!



“¡Me gusta Buenos Aires porque es una ciudad que está loca!”. La frase, que podría haber sido pronunciada por cualquier porteño con mayor o menor grado de satisfacción por el lugar donde vive, fue en cambio exclamada esta vez por un fugaz visitante que la volvió más loca que nunca.

El holandés Duncan Zuur se bajó de un avión en Ezeiza, tomó su tabla de wakeboard y a despecho de la sudestada que azotaba la ciudad, se lanzó sin más trámite a hacer lo suyo en el Dique 4 de Puerto Madero, los lagos de Palermo y hasta la fuente del Monumento de los Españoles.

“Podes hacer de todo, hay muchos sitios para practicar deportes y en muchos estilos, eso me gusta —agregó el audaz wakeboarder—. Hay lagos pequeños en medio de la ciudad y me dijeron que el Delta es Increíble.… Es la primera vez que llego a este país, y es tan impresionante como me habían comentado.”

Para el asombro de los desprevenidos transeúntes y automovilistas, a media mañana un malacate se instaló sobre el puente que cruza los Diques a la altura de la calle Perón y ante la azorada mirada del personal de la Prefectura, el acróbata con la tabla en los pies transitó raudamente y varias veces toda la longitud del espejo de agua. Aunque satisfecho con la experiencia, decidió enseguida seguir explorando las aguas de la ciudad, esta vez frente al Planetario y más tarde en los lagos del Rosedal, donde una rampa lo esperaba para que satisficiera a los fanáticos con un giro volador del tipo “Switch 540”. La tarde lo sorprendería después donde la escasa agua del Monumento de los Españoles le bastaría para desconcertar a los cientos de automovilistas que transitan cada minuto la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento.

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